Cicatrices

Puedo escuchar como el silencio está cayendo, y el frío se apodera de la habitación cuando entro. Hay viejos recuerdos puestos cuidadosamente sobre mi cama, paredes vacías para un corazón vacío. Me has desgarrado y luego he esperado que mi piel se cosiera por sí sola. Lo he intentado. Pero se mantuvo el cuchillo en una mano invisible, apuñalándome día tras día.

El tiempo no me ayuda a entender, sólo alcancé la costumbre justa. Y no me queda otra salida que una aguja y un hilo. Así fue como aprendí a bordar mi cuerpo.

De la cabeza a los pies. Líneas y flores sin olor ni relieve, que ya no duelen.

Mi cuerpo ahora es una obra maestra.

Pero puede que mis heridas nunca sanen, cada vez que abra la puerta y arrastre mis pies dentro de esa habitación que todavía está, vacía, hecha de nada.